| Revista Latinoamericana de Tecnologia Extracorpórea XII,3,2005 |
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EDITORIAL
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| Juan Carlos Vázquez |
Rev Latinoamer Tecnol Extracorp 12,3,2005 |
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Lo conocí en 1976 en la primer Mesa Redonda de perfusión en Argentina en la ciudad de Mar Del Plata y desde entonces transitamos juntos el camino del desarrollo de la especialidad. Tiempos difíciles donde había que discutir la relación del tamaño de las burbujas de la columna oxigenadora y la cantidad de antiespuma que embebía las esponjas. Ahí ya Félix hizo un aporte importante para evitar accidentes embólicos.
Luego en los 80, la creación de la Sociedad de perfusión lo tuvo como ideólogo y militante siendo dos veces Director del CAPAC y en los 90 cofundando la Escuela de perfusión en la Universidad de Buenos Aires, siendo además docente calificado por más de 10 años.
No pretendo ahora recorrer la cantidad de aportes científicos realizados por él en su doble condición de cirujano y perfusionista. Yo creo que le gustaba más la perfusión por que le brindaba un campo de investigación abierto para su mente inquisidora.
Paradigma del pensamiento crítico, el método científico y el análisis estadístico, Félix era un gran desmistificador de fantasías tecnológicas que prometían el paraíso. Ante cada nuevo producto o técnica, el se esforzaba en estudiarla en profundidad y diagnosticar objetivamente sus beneficios. Rara vez se equivocaba en esta tarea.
Pero también se entusiasmaba con los cambios trascendentes y estudió en profundidad temas como la viscosidad de la sangre, la microcirculación, coagulación, etc. Participé con él en el primer estudio comparativo de oxigenadores de membrana en el país y viajamos juntos para introducir la primera bomba centrífuga.
Su calidad docente era privilegiada. No le gustaba abarcar muchos temas porque los abordaba con puntillosa profundidad dando clases magistrales simplificando lo más complejo. Por suerte tenemos grabadas muchas de ellas que seguirán alumbrando el conocimiento de futuros perfusionistas.
Turista ávido, de valijas flacas llevando siempre sólo lo necesario, acompañado de su inseparable Virginia recorrió el mundo admirando la belleza y deleitando a sus compañeros de viaje con su disposición y entusiasmo. Cuando surgía algo me decía: ¿A dónde hay que ir?, y ya se estaba preparando.
Debatidor gallardo, afrontaba con fervor los desafíos dejándonos pensamientos inquietantes, como cuando debatía con los talibanes de la cirugía coronaria sin CEC y decía: ''Si Favaloro hubiera hecho el primer By-pass sin CEC, hoy estaríamos diciendo qué fantástica la circulación extracorpórea que nos permite realizar anastomosis tan seguras''.
Pero si nada de lo relatado anteriormente hubiera existido, quiero con justicia calificar a Félix con palabras de las que muchos seres humanos quisieran ser destinatarios: Generosidad, humildad, consecuencia, coherencia, solidaridad, humanismo.
Hoy ya no contaremos más con su presencia física, pero su obra trascendió con creces la dimensión temporal y si en un acto mágico pudiera yo detener el tiempo por un instante la semana que pasó, quisiera darle un abrazo a Félix y decirle: Gracias flaco, quedate tranquilo, lo tuyo realmente valió la pena.
Juan Carlos Vázquez